RANCAGUATV™ Tu Columna de Opinión a: prensa@rancaguatv.cl

Arrow up
Arrow down
Ya son más de 10 años de información y entretención para usted ► / Hora:

MARCELO TRIVELLI

  • UNA CANCHA DESNIVELADA NO ES DEMOCRACIA

     

    football field 23 2147510453

    En una cancha desnivelada no hay igualdad de derechos ni tampoco igualdad de oportunidades. Mal se puede hablar de democracia cuando la cancha está desnivelada.

    Por: Marcelo Trivelli, Presidente Fundación Semilla


    MTO El estallido social que vivió Chile el año 2019 tuvo su causa principal en que la democracia que construimos post dictadura no fue capaz de dar adaptarse a los cambios sociales y económicos que el mismo sistema había provocado. Y de esto no se dio cuenta la élite creyendo que por el solo hecho de haber mayor bienestar económico y seguir insistiendo en el crecimiento, bastaba.

    Siempre recuerdo que, siendo intendente, respondimos a la solicitud de una junta de vecinos para pavimentar de una población que en invierno era un barrial en el cual ni siquiera se podía caminar. Transcurrido un año, me encontré con esa dirigente y le pregunté si estaba contenta con lo realizado y su respuesta fue: “Ni tanto porque no hicieron “lomos de toro” y los autos pasan muy rápido con el peligro que eso significa para niños y abuelitos”.

    Y de esa realidad humana es lo que tiene que hacerse cargo un sistema democrático. Y la única manera de hacerlo es mediante la participación. Solo así se podrá tener una cancha nivelada.

    Para mí, la mejor definición de democracia es: “es una forma de organización en que las decisiones son tomadas por las personas mediante alguna forma de participación que otorga legitimidad a las decisiones tanto como a sus representantes”. 

    Democracia es mucho más que la formalidad de elecciones en que cada voto vale lo mismo para todas las personas. Es una cultura de participación que debe estar siendo permanente legitimada y estar inserta en la cultura de la sociedad. Mientras esto no suceda, los llamados representantes del pueblo podrán desvincularse de la realidad y auto congratularse por sus actuaciones.

    La democracia y su componente principal, la participación, no es algo que se enseña el aula. La participación es una forma de relacionarse que se desarrolla en la práctica. Y, al igual que leer, escribir, matemáticas, solo se consolida cuando y se internaliza con el ejercicio diario. Nuestro sistema educacional vertical, jerarquizado y de carácter punitivo, no contribuye a desarrollar hábitos de participación y democracia. 

    Nuestra experiencia en Fundación Semilla, de observación y trabajo en terreno a nivel de escuelas, nos demuestran que niñas, niños y jóvenes que viven a diario en un ambiente de participación desarrollan mejor convivencia, más aprendizaje, más socialización y más participación. Se crea así un círculo virtuoso con un claro beneficio, tanto personal como social.

    Y lo mismo pasa a nivel de sociedad y de país. Por ello tenemos ahora una gran oportunidad: el proceso constituyente. Es una oportunidad única en nuestra historia para que la Constitución nivele la cancha y no se consagren en ella privilegios de manera explícita o por omisión. 

    Lo que siempre debemos tener presente es que una cancha desnivelada no es democracia.

  • VIOLENCIA CONTRA LA MUJER: AUMENTAN LLAMADOS, DISMINUYEN DENUNCIAS.

    VIOLENCIA CONTRA LA MUJER AUMENTAN LLAMADOS DISMINUYEN DENUNCIAS

    Por: Marcelo Trivelli, Presidente Fundación Semilla


    Durante el año 2020 las llamadas al número de orientación y ayuda del Ministerio de la Mujer, 1455, aumentaron un 148% en comparación con el año anterior; mientras los llamados al número familia 149 de Carabineros también aumentaron un 97% comparado con el 2019, mientras que las denuncias en las policías y el ministerio público más la flagrancia disminuyeron en un 6,9%, según informaron la ministra de la Mujer y Equidad de Género, junto a la Subsecretaría de Prevención del Delito. Ante esta realidad debemos preguntarnos: ¿qué hacemos con esta información?

     

    La cantidad de llamados efectuados durante 2020 no fue entregada, pero estimaciones que realizamos en Fundación Semilla, basadas en cifras de años anteriores solicitadas por transparencia, nos señalan que el número de llamados durante el año anterior deben haber superado los 100 mil. Ante esta realidad cabe preguntarse, cuál fue la respuesta de las policías y las autoridades ante cada uno de estos llamados de auxilio. Lamentablemente la cantidad de operativos generados a partir de estos llamados telefónicos son muy reducidos. Y es en este punto donde se encuentra el cuello de botella en el combate de la violencia contra la mujer.

     

    Siete años tarda en promedio una mujer para denunciar violencia machista. Son siete años de sufrimiento, de “ires y venires” de sometimiento ante el poder económico, extorsión psicológica, amenazas y agresiones físicas. Es por ello que la responsabilidad de la denuncia no puede ni debe recaer en las víctimas. Es responsabilidad del Estado, a través de sus instituciones de seguridad pública y de protección, quienes tienen el deber de acudir inmediatamente ante una denuncia de violencia recibida. Desgraciadamente esto no es lo que sucede y, peor aún, no es fácil fiscalizar su actuar más allá de cifras que se entregan oficialmente. 

     

    Y esto no es propio de este gobierno, es propio de un Estado en que sus instituciones obstaculizan la fiscalización ciudadana como parte de una cultura de defensa corporativa.

     

    Es importante hacerse cargo de la actual violencia contra la mujer, pero también y muy importante es intervenir decididamente en la educación de niñas, niños y jóvenes para lograr un cambio cultural en la sociedad. La violencia contra la mujer comienza a muy temprana edad. En un estudio realizado por Fundación Semilla encontramos que más de un tercio de las violencias en contextos escolares son por causas de género, por ejemplo, por no responder a los estereotipos de hombre (macho, fuerte, agresivo, etc.) y mujer (femenina, débil, sometida, servicial, etc.). Y nuestra experiencia nos demuestra que sí es posible abrir los ojos de estudiantes y profesionales de la educación para comenzar desde la escuela una formación que vea situaciones que generan violencia que hoy están normalizadas.

    Las cifras entregadas por las autoridades son alarmantes y un llamado a la sociedad, incluidas a las instituciones del Estado, para reaccionar y tomar acción en la prevención y castigo de la violencia contra la mujer.

  • VUELTA A CLASES: NO LA TRANSFORMEMOS EN UNA MEDICIÓN DE PODER

    pexels alexandr podvalny 2781814

    En época de elecciones, el regreso a clases presenciales se ha transformado en una medición de poder entre muchos actores que están situando en primer lugar sus propios intereses en vez del interés de niñas, niños y jóvenes que han cumplido un año sin asistir a sus escuelas. Como siempre, las personas sin voz son aquellas que van quedando rezagadas.

    Columna por: Marcelo Trivelli, Presidente Fundación Semilla


    marcelo trivelliEn un país centralista y jerárquico como Chile, pareciera que solo nos enfrentamos a una dicotomía: Volver o no volver a clases presenciales. La incapacidad de diálogo, los mensajes enviados a través de medios de comunicación y redes sociales solo profundizan las diferencias en un conflicto donde nadie se va poder declarar triunfador porque las soluciones tendrán que ser en función de la realidad que viva cada comunidad educacional. Sin embargo, nos enfrentamos a que la comunidad escolar, si bien existe como concepto y abstracción, en la práctica son pocos establecimientos educacionales en el país que tienen comunidades escolares consolidadas.

    La pandemia, la educación a distancia, los dolores, carencias y pérdidas, así como los compromisos, las lealtades, los esfuerzos de muchos, la solidaridad, nos pusieron en un lugar desde el cual podíamos ver la vida rutinaria de la educación en que tenemos tantas prácticas, buenas y malas, que están normalizadas. En Fundación Semilla nos dimos el espacio de reflexión para pensar y proponer la “nueva escuela” que debe surgir tras la superación de la pandemia.

    El punto cuarto de nuestro decálogo de la “nueva escuela” nos invita a entender que la escuela es una comunidad. “Durante esta crisis quedó en evidencia cuán poco era el conocimiento entre las personas que componen la comunidad escolar; en general las relaciones estaban circunscritas a los muros del establecimiento. Es por esto que se hace prioritario crear y fortalecer los vínculos existentes en cada comunidad educativa, potenciar la generación de lazos efectivos y afectivos que desborden la simple pertenencia a un establecimiento. Es fundamental cuestionar el modelo de escuelas a gran escala, que imposibilitan relaciones comunitarias, y empezar a intencionar comunidades más pequeñas, y a escala humana”.

    Esta será una buena oportunidad para ejercitar la vida en comunidad, para dialogar y llegar a acuerdos en torno a cómo retornamos a la escuela. Será responsabilidad de los directivos de cada escuela de convocar, provocar conversación, buscar acuerdos e implementar las soluciones para lo que será el año escolar 2021, entendiendo que serán las autoridades sanitarias quienes prosigan en su campaña de vacunación y prevención, así como los sostenedores quienes apoyen a las comunidades escolares en el camino elegido para cada una de ellas.

    Es difícil vivir en comunidad porque requiere de compromiso y generosidad, de cuidar el lenguaje, de participación y de liderazgos horizontales capaces de buscar, con persistencia y paciencia, los acuerdos. Vivir en comunidad no se trata de imponer mi posición, sino que entender que otros tienen algo o mucho que aportar. Por ello, no transformemos la vuelta a clases en una medición de fuerzas y de poder.

Página 2 de 2