
Por Francisco Miranda, Key Account Manager Gobierno y Proyectos Especiales de Hytera en Chile.
El aluvión que afectó recientemente a Las Condes y la intensa tormenta de esta semana que provocó inundaciones, cortes de electricidad y múltiples alteraciones en Santiago volvieron a poner sobre la mesa una pregunta que Chile no puede seguir postergando: ¿qué tan preparadas están nuestras instituciones para responder ante emergencias de gran magnitud?
Estos acontecimientos ocurren, además, en un contexto climático especialmente desafiante. El fenómeno de El Niño continúa intensificándose y, según las proyecciones, podría mantenerse en una fase fuerte o muy fuerte incluso durante los primeros meses de 2027. En un escenario donde las lluvias intensas y tormentas pueden presentarse en períodos poco habituales, la preparación de nuestras ciudades adquiere una urgencia aún mayor.
Si bien anticipar los riesgos y fortalecer las medidas de prevención resulta indispensable, también debemos preguntarnos qué ocurre cuando la emergencia ya está en desarrollo. Un aluvión, una inundación o un corte generalizado de servicios obliga a movilizar simultáneamente a municipios, Bomberos, Carabineros, equipos de salud y otros organismos. Cada institución cumple un rol distinto, pero todas necesitan compartir información, coordinar recursos y tomar decisiones oportunamente.
Aquí aparece un desafío que muchas veces queda fuera de la discusión pública: la capacidad de estos organismos para comunicarse entre sí. Porque no basta con disponer de personal capacitado, vehículos o equipamiento si quienes están desplegados en terreno no cuentan con sistemas que faciliten una coordinación efectiva. La interoperabilidad entre instituciones, entendida como la capacidad de conectar diferentes tecnologías y equipos de comunicación, debe formar parte de la estrategia de respuesta ante emergencias.
Esto cobra todavía más relevancia cuando las condiciones adversas afectan las redes convencionales o interrumpen el suministro eléctrico. En esos escenarios, la continuidad de las comunicaciones operativas resulta fundamental para movilizar recursos, solicitar apoyo y mantener conectados a los equipos que trabajan en distintos puntos de una ciudad.
Los acontecimientos recientes deben invitarnos a mirar más allá de las consecuencias inmediatas. Chile conoce los riesgos asociados a los desastres naturales, pero ese conocimiento debe traducirse en planificación, inversión y modernización de las capacidades institucionales. La preparación no comienza cuando se activa una alerta, sino mucho antes, cuando se establecen protocolos, se fortalecen las redes de colaboración y se desarrollan sistemas capaces de responder en condiciones críticas.
Porque una emergencia puede ser imposible de evitar, pero la descoordinación entre quienes tienen la responsabilidad de responder no debería serlo.
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