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DEL ESFUERZO NACE EL FUTURO: LA HISTORIA DETRÁS DEL TRADICIONAL QUIOSCO QUE VOLVIÓ A LA VIDA EN RANCAGUA

REPORTAJE LOCAL Visto: 239

 

Con trabajo, esfuerzo y una mirada optimista sobre el país, Julio Albert Sánchez transformó un histórico local de comida al paso ubicado frente a la Estación de Ferrocarriles. Hoy combina gastronomía chilena y venezolana, mientras entrega un mensaje que invita a valorar las oportunidades que ofrece Chile.

Por: Exequiel Aleu Monasterio


 

Hay lugares que forman parte de la memoria colectiva de una ciudad. No necesitan grandes campañas publicitarias ni aparecer constantemente en redes sociales para ser reconocidos. Basta con mencionar el tradicional quiosco ubicado frente a la Estación de Ferrocarriles de Rancagua para que cientos de rancagüinos recuerden haber pasado alguna vez por un completo, una sopaipilla o un sándwich al terminar la jornada.

Ese pequeño local lleva más de seis décadas formando parte del paisaje urbano. Durante años fue el sustento de una familia rancagüina, hasta que la inseguridad y los constantes robos terminaron afectando su funcionamiento.

 

Hace dos años comenzó una nueva etapa.

Julio Albert Sánchez Viñas, venezolano oriundo de Caracas, decidió asumir el desafío de arrendar el local con opción de compra, convencido de que aún existía un enorme potencial para devolverle la vida.

"Este quiosco tiene aproximadamente 65 años de historia. Los antiguos dueños levantaron aquí a toda su familia gracias a este negocio. Cuando llegué estaba prácticamente vacío y muy deteriorado, así que comenzamos a reconstruirlo poco a poco", recuerda.

 

 

Un cambio de imagen y de propuesta

Las primeras inversiones estuvieron orientadas a recuperar la seguridad.

Instaló cámaras de vigilancia, renovó completamente el equipamiento, incorporó vitrinas, máquinas de café, equipos de refrigeración y modernizó un espacio que durante décadas había mantenido prácticamente el mismo formato.

Pero el cambio más importante vino de la mano de la oferta gastronómica.

Sin abandonar los tradicionales completos, churrascos, italianos y barros luco, decidió incorporar productos típicos venezolanos que rápidamente comenzaron a despertar la curiosidad de los clientes.

Hoy el menú incluye empanadas venezolanas, tequeños, pastelitos, arepas, cachapas, perros calientes, además de bebidas tradicionales como Frescolita, Maltín Polar y papelón con limón.

"La gente llega sorprendida porque encuentra una variedad que normalmente no existe en este tipo de quioscos. Muchos vienen buscando un completo y terminan probando comida venezolana", comenta.

 

 

Renunciar a la estabilidad para perseguir un sueño

Antes de convertirse en emprendedor, Albert trabajó durante nueve años en la Compañía Cervecerías Unidas (CCU), primero como ayudante y posteriormente como conductor.

Sin embargo, decidió dejar un empleo estable para apostar completamente por este proyecto.

"Pensé que sería un poco más fácil, pero es mucho más sacrificado de lo que imaginaba. Aquí abrimos a las cinco de la mañana y cerramos cerca de las seis y media de la tarde. Son más de doce horas diarias de trabajo, pero cuando uno tiene un sueño vale la pena intentarlo."

Reconoce que prácticamente todos sus ahorros fueron invertidos en recuperar el local.

"No fue fácil. Todo estaba vacío. Había que comprar equipos, mejorar las instalaciones y comenzar prácticamente desde cero."

 

Una mirada distinta sobre Chile

Durante la conversación, Albert deja por algunos minutos la gastronomía para compartir una reflexión que nace de su experiencia como inmigrante.

Llegó a Chile en 2017 junto a su esposa y sus hijos, sin conocer a nadie y comenzando desde trabajos esporádicos en la construcción.

Hoy, gracias al esfuerzo familiar, asegura haber logrado estabilidad económica y proyectar nuevos emprendimientos.

Por eso le sorprende escuchar, muchas veces, el nivel de descontento que percibe entre algunos chilenos.

"Nosotros vivimos la escasez de verdad. Había días en que una familia tenía que conformarse con una sola comida para que alcanzara para los niños. No había medicamentos, pañales ni productos básicos. Esa realidad fue la que nos obligó a emigrar."

Desde esa experiencia, afirma que Chile sigue ofreciendo oportunidades para quienes están dispuestos a trabajar.

"Aquí uno puede surgir. Hay trabajo, hay posibilidades. Claro que cuesta, pero se puede avanzar."

 

 

El valor de la educación

Más allá del negocio, Albert asegura que su mayor preocupación es el futuro de sus hijos.

Junto a su esposa llegó a Chile con la esperanza de ofrecerles una vida distinta y transmitirles valores que considera fundamentales.

"Lo más importante es la educación. Los buenos días, las buenas tardes, dar las gracias, pedir permiso. Son cosas simples, pero creo que esos valores abren muchas puertas."

Como comerciante, dice notar que muchas veces esos pequeños gestos se han ido perdiendo.

"Saludar, tratar bien a las personas y atender con respeto cuesta muy poco. Creo que eso nunca debería perderse."

Dina y Mita: una historia familiar

El nombre del local también tiene una historia especial.

"Dina y Mita" nació inspirado en los apodos de sus hijos mellizos, quienes hoy tienen diez años y representan la principal motivación para seguir creciendo.

"Todo esto es por ellos. Quiero que tengan la posibilidad de elegir el futuro que quieran construir."

 

 

Un mensaje de optimismo

A pesar de las dificultades propias del emprendimiento, Albert mantiene una mirada optimista.

"No sirve quedarse reclamando. Hay que trabajar, ordenarse, ahorrar aunque sea un poco y seguir adelante. Siempre se puede salir adelante cuando uno tiene un propósito."

Mientras los clientes continúan llegando durante toda la mañana, el histórico quiosco frente a la estación vuelve a recuperar el movimiento que durante décadas lo convirtió en uno de los puntos más tradicionales de Rancagua.

Hoy, además de completos y sopaipillas, también ofrece una historia de perseverancia, integración y esfuerzo que demuestra que las oportunidades pueden surgir incluso en los lugares más tradicionales de la ciudad.


Información de interés

📍 Local: Dina y Mita 
📍 Dirección: Av. O'Carrol, frente a la Estación de Ferrocarriles de Rancagua.
🍔 Especialidades: Completos, churrascos, italianos, barros luco, sopaipillas, empanadas chilenas y venezolanas, tequeños, arepas, cachapas, pastelitos, perros calientes y bebidas tradicionales venezolanas.
⏰ Horario aproximado: Desde las 05:00 hasta las 18:30 horas.

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