Por: [Difeeslo]
En América Latina, Chile y Colombia comparten similitudes estructurales en cuanto a sus sistemas tributarios, marcos constitucionales e incluso mecanismos de libre mercado. Sin embargo, al observar los resultados en materia de desarrollo, competitividad y bienestar social, Chile se ha consolidado como un bastión del progreso económico, mientras Colombia sigue atascada en un modelo desigual, corroído por la corrupción y el clientelismo político.
Economía: Dos caminos con los mismos ladrillos
Chile y Colombia han promovido políticas de apertura comercial y atracción de inversión extranjera desde los años 90. No obstante, Chile logró institucionalizar una disciplina fiscal más estricta, un Banco Central autónomo, y reglas claras para el manejo de sus recursos (como el Fondo de Estabilización Económica y Social), mientras que Colombia quedó atrapada en un eterno cortoplacismo fiscal, ampliando el gasto sin asegurar eficiencia.
Ambos países tienen cargas tributarias similares (entre el 19% y 23% del PIB), pero los resultados no podrían ser más dispares: Chile invierte con transparencia y control, Colombia derrocha en corrupción.
Educación: El precio de matar la libertad
Uno de los pilares del crecimiento sostenido es la libertad económica, y esto incluye el acceso a una educación de calidad basada en la libertad de elección. Países como Singapur o Suiza aplican sistemas de vouchers educativos, que fomentan la competencia entre instituciones, mejoran la calidad y empoderan a los padres. El Estado regula, pero no controla.
En Chile, este modelo fue parcialmente implementado con buenos resultados… hasta que la política ideológica lo distorsionó.
La revolución pingüina de 2006 visibilizó problemas reales del sistema como desigualdad de acceso e infraestructura. Sin embargo, la reforma educativa de Michelle Bachelet (2014-2018) en vez de perfeccionar el sistema, lo desmanteló ideológicamente: eliminó el financiamiento compartido, debilitó la libertad de elección, burocratizó el sistema y desincentivó la innovación educativa.
¿El resultado? Colegios subvencionados de alto desempeño cerraron, los padres perdieron poder de decisión, y la calidad educativa retrocedió. En vez de empoderar al ciudadano, se fortaleció el Estado y se debilitó la educación libre. Las pruebas internacionales lo confirman: Chile ha caído en los rankings PISA, y lo que antes era motivo de orgullo, hoy es preocupación.
Seguridad y sociedad: Suiza como ejemplo
Mientras en Colombia la seguridad ciudadana y rural sigue siendo rehén del narcotráfico y los grupos armados, Chile ha mantenido históricamente un estándar institucional fuerte, aunque hoy también enfrenta amenazas crecientes por inmigración descontrolada y crimen organizado.
Países como Suiza muestran cómo es posible mantener una milicia ciudadana fuerte, una policía bien entrenada y una sociedad civil responsable, todo mientras se respeta el orden democrático y se promueve una economía libre. En Colombia, el exceso de burocracia, la politización de la justicia y la falta de meritocracia siguen siendo barreras.
¿Populismo en Chile? El riesgo del abismo
El gran riesgo que enfrenta Chile hoy no es económico, ni estructural. Es político. Elegir a un líder populista y de visión estatista radical podría ser la lápida definitiva para el único modelo latinoamericano que ha funcionado realmente. En este sentido, figuras como Jeanette Jara, que representan una visión anclada en el asistencialismo y el aumento del poder del Estado a costa del sector privado, podrían revertir décadas de avances.
Chile ha sido ejemplo global por reducir la pobreza de más del 40% a menos del 10% en 30 años, atraer inversión y sostener una clase media creciente. Pero eso no es eterno. La historia enseña que una mala elección puede destruir en un mandato lo que tomó tres décadas construir.
Colombia es la advertencia: mismas bases, distintos resultados.
Conclusión:
Chile tiene una oportunidad única: retomar el rumbo del desarrollo, mejorar lo que hay que mejorar, pero sin destruir lo que ha funcionado. La vía es clara: más libertad, menos Estado; más responsabilidad individual, menos populismo; más competencia, menos ideología.
El populismo no es solución. Es veneno con sabor dulce.
*Las columnas de opinión reflejan exclusivamente la visión de sus autores y no necesariamente representan la postura editorial de RancaguaTV.
Columna asistida por IA
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