Por RancaguaTV
El 29 de septiembre de 2026, la Casa Blanca publicó una orden ejecutiva titulada “Inaugurating the Era of Super Intelligence”, mediante la cual el Gobierno de Estados Unidos instruyó a sus departamentos y agencias a comenzar a utilizar oficialmente los términos “Super Intelligence” (SI) y “Superintelligence”, en reemplazo de “Artificial Intelligence” (AI), en sus comunicaciones y documentos no sujetos a una denominación legal específica.
La explicación entregada por la propia Casa Blanca resulta particularmente significativa: sostiene que las tecnologías actuales de frontera ya hacen mucho más que imitar o automatizar aspectos específicos de la inteligencia humana y que progresivamente están ampliando la creatividad y las capacidades de las personas.
Es decir, Estados Unidos está intentando ponerle nombre a lo que considera una nueva etapa tecnológica.
DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL A UNA NUEVA FRONTERA
El concepto todavía está en construcción.
La orden ejecutiva mantiene, para sus efectos inmediatos, la definición legal existente de inteligencia artificial y encarga al responsable presidencial de Ciencia y Tecnología presentar dentro de 60 días una propuesta para establecer una definición federal específica de “Super Intelligence”.
Por eso, el anuncio no significa que desde ayer exista una categoría científica universalmente aceptada denominada superinteligencia.
Pero sí constituye una señal política y tecnológica relevante: Estados Unidos está comenzando a tratar la evolución de estos sistemas como una nueva frontera estratégica.
La diferencia conceptual es importante.
La primera etapa de la inteligencia artificial estuvo marcada principalmente por la automatización y la capacidad de las máquinas para ejecutar tareas que antes requerían determinadas capacidades humanas.
La nueva generación apunta hacia sistemas capaces de colaborar con las personas en procesos mucho más complejos: análisis, creación, investigación, programación, descubrimiento científico y procesamiento masivo de información.
La tecnología deja de ser solamente una herramienta que recibe instrucciones.
Comienza a convertirse en una infraestructura de capacidades.
¿Y DÓNDE ENTRA CHILE?
Aquí la discusión adquiere una dimensión particularmente interesante para nuestro país.
Porque la revolución de la inteligencia artificial no ocurre solamente dentro de un computador.
Necesita centros de datos, electricidad, redes de comunicaciones, almacenamiento, procesamiento y sistemas de refrigeración.
Y Chile ya comenzó a construir parte de esa infraestructura.
En junio de 2025, Microsoft inauguró oficialmente Chile Central, su primera región de centros de datos en el país.
La infraestructura está compuesta por tres ubicaciones físicas independientes en la Región Metropolitana y ya se encuentra operativa. Desde allí Microsoft ofrece servicios de nube y almacenamiento de datos para organizaciones chilenas y también para otros países de Sudamérica.
La propia compañía señala que su llegada representa una infraestructura crítica para la transformación digital y que Chile Central conecta al país con su red global de nube.
Esto permite mirar la discusión sobre la superinteligencia desde otra perspectiva.
El futuro de la inteligencia también necesita territorio.
EL VALOR ESTRATÉGICO DEL TERRITORIO CHILENO
Chile posee características que pueden adquirir una importancia creciente en esta nueva etapa.
Cuenta con infraestructura digital en expansión, conexión internacional, disponibilidad de recursos energéticos renovables y, particularmente en el extremo austral, un extraordinario potencial eólico.
Magallanes, por ejemplo, está desarrollando proyectos de gran escala vinculados a la generación eólica y al hidrógeno verde.
Esto no significa que Magallanes se haya convertido ya en el gran centro mundial de servidores de inteligencia artificial.
La realidad es más interesante y, al mismo tiempo, más concreta:
Chile está desarrollando algunos de los componentes energéticos y digitales que una economía basada crecientemente en inteligencia artificial necesitará.
La cuestión del futuro no será únicamente quién desarrolla los modelos más avanzados.
También será necesario responder preguntas mucho más físicas:
- ¿Dónde estarán los centros de procesamiento?
- ¿De dónde provendrá la electricidad?
- ¿Cómo serán refrigerados?
- ¿Cómo se transportarán los datos?
- ¿Qué países tendrán capacidad energética y conectividad suficiente para sostenerlos?
CHILE FRENTE A UNA NUEVA OPORTUNIDAD
Por eso, el anuncio estadounidense puede ser leído también desde Chile.
Estados Unidos está hablando de una nueva era de Super Intelligence.
Chile, mientras tanto, ya está incorporándose a la infraestructura material de la economía digital mediante centros de datos, conectividad y nuevas fuentes de energía.
No significa que nuestro país esté destinado automáticamente a convertirse en el gran centro mundial de la superinteligencia.
Pero sí significa que Chile tiene una posición desde la cual puede participar en esa transformación tecnológica.
Y existe una diferencia fundamental entre observar una revolución tecnológica desde afuera y formar parte de la infraestructura que permite que esa revolución funcione.
La inteligencia artificial comenzó como una disciplina científica.
Después se convirtió en una herramienta tecnológica.
Ahora comienza a transformarse en una infraestructura económica, energética y territorial.
Y si Estados Unidos está hablando oficialmente de una “era de la superinteligencia”, Chile tiene una pregunta que deberá comenzar a hacerse con mucha seriedad:
¿Qué lugar quiere ocupar nuestro país en esa nueva era?
Porque detrás de cada sistema inteligente, por avanzado que parezca, existe algo muy concreto:
servidores, energía, conectividad, territorio y personas.
Y parte de ese futuro ya está comenzando a construirse en Chile.
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