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POLÍTICA

CASO CONVENIOS: LAS RESPONSABILIDADES BAJO INVESTIGACIÓN Y LAS DIFERENCIAS ENTRE SUS PROTAGONISTAS

 

ProCultura, Democracia Viva y otras fundaciones quedaron bajo la lupa por convenios financiados con recursos públicos. Sin embargo, las causas no son iguales: cambian los hechos investigados, los delitos atribuidos y la situación procesal de cada involucrado. ¿Qué se les imputa, qué se ha establecido judicialmente y qué sigue pendiente?

 Editorial RancaguaTV / Imágen Inteligencia Artificial 


El denominado Caso Convenios se convirtió en uno de los mayores cuestionamientos recientes a los mecanismos de transferencia de recursos públicos hacia entidades privadas sin fines de lucro.

Lo que comenzó en 2023 con las revelaciones sobre los convenios suscritos entre la Seremi de Vivienda de Antofagasta y la Fundación Democracia Viva terminó abriendo distintas líneas de investigación en varias regiones del país. En ellas se examinan acuerdos para ejecutar programas habitacionales, culturales, sociales y de salud mental, junto con las condiciones en que se seleccionó a las organizaciones receptoras y el destino de los recursos transferidos.

El punto central no consiste únicamente en determinar si una fundación cumplió sus compromisos. La investigación penal busca establecer si existieron conductas que constituyan delitos, quiénes participaron en ellas y si se produjo un perjuicio para el patrimonio público o privado.

Para comprender el alcance del caso es necesario distinguir entre las observaciones administrativas, los incumplimientos contractuales, las imputaciones formuladas por el Ministerio Público y las responsabilidades que finalmente puedan establecer los tribunales.

 

PROCULTURA: UNA FUNDACIÓN, DISTINTOS CONVENIOS Y VARIAS ARISTAS JUDICIALES

La Fundación ProCultura, dirigida ejecutivamente por Alberto Larraín, recibió recursos para desarrollar proyectos con organismos públicos y otras entidades. Sus convenios dieron origen a investigaciones diferentes, que no deben confundirse como si correspondieran a una sola imputación contra todas las personas vinculadas a la organización.

Una de las aristas más conocidas es la relacionada con el Gobierno Regional Metropolitano y el programa de prevención del suicidio Quédate, financiado mediante un convenio de aproximadamente $1.684 millones.

La Fiscalía investigó las condiciones en que se suscribió el acuerdo, la capacidad de la fundación para ejecutar el programa, la utilización de los recursos y las eventuales responsabilidades de quienes intervinieron en el proceso.

El Ministerio Público sostuvo que existían antecedentes que justificaban investigar un posible fraude al fisco. La causa llegó a involucrar tanto a personas relacionadas con ProCultura como a funcionarios y colaboradores vinculados al Gobierno Regional.

En enero de 2026, Alberto Larraín, María Constanza Gómez Cruz, María Teresa Abusleme Lama, Evelyn Andrea Magdaleno Gutiérrez y Gabriel Padro Acuña fueron formalizados por fraude al fisco en esta arista, según informó la Fiscalía.

La formalización significa que el Ministerio Público comunicó ante un tribunal los hechos que atribuye a cada imputado y su eventual calificación penal. No equivale a una condena.

 

CLAUDIO ORREGO: POR QUÉ SU SITUACIÓN JUDICIAL ES DIFERENTE

La participación investigada de Claudio Orrego, gobernador de la Región Metropolitana, requiere un tratamiento separado.

La Fiscalía solicitó su desafuero para avanzar en una eventual formalización por presunto fraude al fisco, en relación con el convenio entre el Gobierno Regional Metropolitano y ProCultura. Entre los antecedentes examinados se encontraban las circunstancias de asignación de los recursos, la relación entre la autoridad y Alberto Larraín y la ejecución del programa Quédate.

Sin embargo, la situación judicial cambió durante 2026. El 17 de febrero, la Corte de Apelaciones rechazó la solicitud de desafuero. Posteriormente, el 2 de junio, el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago decretó el sobreseimiento definitivo de Orrego en esta causa.

Esta resolución constituye una diferencia esencial respecto de las personas que sí fueron formalizadas por los hechos investigados en ProCultura.

Por consiguiente, no corresponde presentar a Orrego como si actualmente enfrentara una formalización o una acusación penal equivalente a la de los demás involucrados. Su sobreseimiento definitivo debe ser respetado y descrito con precisión.

Al mismo tiempo, la resolución sobre Orrego no determina automáticamente el destino judicial de los otros imputados ni resuelve todas las aristas relacionadas con ProCultura. Cada persona tiene una situación procesal propia y cada convenio debe examinarse conforme a sus antecedentes.

 

ALBERTO LARRAÍN: QUÉ SE INVESTIGA EN LA ARISTA ANGLO AMERICAN

El 19 de octubre de 2026 se produjo un nuevo avance judicial en una causa relacionada con ProCultura. La Fiscalía Regional de Antofagasta formalizó a Alberto Larraín y María Constanza Gómez Cruz por el presunto delito reiterado y consumado de apropiación indebida, en la arista vinculada a Anglo American.

La investigación comprende cinco convenios suscritos entre 2021 y 2023 para financiar iniciativas culturales en Rinconada, Catemu, Llay Llay y Nogales, además de un programa de bienestar y salud mental perinatal en Tiltil.

Según los antecedentes expuestos por el Ministerio Público durante la formalización, los convenios establecían que los recursos debían destinarse exclusivamente a los proyectos comprometidos. También contemplaban informes de gestión, rendiciones de cuentas, productos asociados a la ejecución y mecanismos de seguimiento.

La Fiscalía sostuvo que la fundación no acreditó debidamente la ejecución de las labores comprometidas, que los recursos no fueron rendidos en su totalidad y que parte del dinero habría sido destinado a fines distintos de los convenidos.

El perjuicio atribuido en esta imputación asciende a $471.554.412.

Ambos imputados quedaron sujetos a firma mensual, arraigo nacional y prohibición de comunicarse entre sí, con un plazo de investigación de 80 días.

La existencia de medidas cautelares no demuestra culpabilidad. La imputación deberá ser examinada durante el procedimiento y la responsabilidad penal solo podrá establecerse mediante una resolución judicial fundada.

 

¿POR QUÉ SE HABLA DE FRAUDE AL FISCO EN UNA ARISTA Y DE APROPIACIÓN INDEBIDA EN OTRA?

Los nombres de los delitos no son intercambiables. Cada figura penal exige elementos específicos que deben acreditarse.

Fraude al fisco: esta figura se relaciona con conductas fraudulentas que perjudican el patrimonio fiscal y con los requisitos legales relativos a la intervención de funcionarios públicos y de otras personas. En cada caso es necesario establecer cuál fue la conducta atribuida, quién la ejecutó y cómo se habría producido el perjuicio.

Apropiación indebida: se refiere, en términos generales, a la apropiación o distracción de dinero u otros bienes recibidos bajo un título que obliga a entregarlos o devolverlos, cuando concurren los elementos exigidos por la legislación penal.

Lavado de activos: requiere investigar operaciones relacionadas con bienes de origen ilícito y conductas destinadas a ocultar o disimular ese origen, en los términos previstos por la ley. Una transferencia bancaria o un movimiento de dinero no constituyen por sí solos prueba de este delito.

Una misma organización puede aparecer en distintas investigaciones y sus responsables pueden enfrentar imputaciones diferentes según los hechos examinados. Por eso es indispensable identificar el convenio, la conducta y la participación que se atribuye a cada persona.

 

DEMOCRACIA VIVA: EL CASO QUE DESENCADENÓ LA INVESTIGACIÓN

La arista Democracia Viva se originó en tres convenios suscritos en 2022 entre la Seremi de Vivienda y Urbanismo de Antofagasta y la fundación presidida por Daniel Andrade, por un total aproximado de $426 millones.

Los acuerdos estaban destinados a desarrollar trabajos relacionados con campamentos y programas de habitabilidad. Las condiciones de asignación, los requisitos de la organización receptora, las actuaciones de los funcionarios que intervinieron y la ejecución de los proyectos se convirtieron en el centro de la investigación.

La Fiscalía formalizó a Daniel Andrade, representante de la fundación, y a Carlos Contreras, entonces seremi de Vivienda y Urbanismo, por presuntos delitos de fraude al fisco.

Entre los antecedentes expuestos por el Ministerio Público figuraba que Contreras habría intervenido en la preparación y celebración de los convenios de manera incompatible con sus deberes funcionarios y que la fundación no habría reunido las condiciones requeridas para recibir los recursos en las circunstancias del caso.

La investigación también puso atención en los vínculos personales y políticos relacionados con la asignación de los convenios. La existencia de una relación personal o partidaria no constituye, por sí sola, un delito; su relevancia penal depende de los actos concretos que se acrediten y de su relación con la legislación aplicable.

La causa se amplió posteriormente a otros convenios y fundaciones, entre ellas Fibra, TomArte y la Fundación para la Superación de la Pobreza, conocida como Fusupo.

En agosto de 2025, la Fiscalía informó el cierre de la investigación en las aristas agrupadas de Democracia Viva, Fibra, Fusupo y TomArte, con miras a presentar acusación. En 2026 se produjeron actuaciones judiciales relacionadas con la competencia territorial para conocer la causa.

Estos antecedentes muestran que la investigación avanzó hacia una etapa acusatoria. Sin embargo, la acusación del Ministerio Público no equivale a una sentencia condenatoria: corresponde al tribunal resolver la responsabilidad de las personas acusadas conforme a las pruebas rendidas.

 

URBANISMO SOCIAL, TOMARTE Y MOVIMIENTO FIRMA: LOS OTROS CONVENIOS CUESTIONADOS

La investigación sobre las transferencias de recursos públicos en Antofagasta también alcanzó a otras fundaciones vinculadas a programas de asentamientos precarios.

En enero de 2024, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo informó el término anticipado de convenios con Urbanismo Social, TomArte y Movimiento Firma y la exigencia de restituir más de $1.110 millones, según antecedentes difundidos por la prensa nacional.

Las organizaciones habían suscrito acuerdos relacionados con programas habitacionales y sociales. Entre los aspectos cuestionados estuvieron los procedimientos de selección, las condiciones de ejecución y la utilización de los recursos.

Estos antecedentes deben interpretarse con cautela. El término anticipado de un convenio o la solicitud de devolución de dinero constituyen actuaciones administrativas y contractuales; no demuestran por sí mismas que los representantes de una fundación hayan cometido fraude al fisco u otro delito.

Para atribuir responsabilidades penales es necesario precisar qué hechos fueron formalizados, quiénes son los imputados en cada arista y qué resoluciones judiciales se han dictado. No es correcto extender automáticamente a todas las fundaciones las imputaciones formuladas en Democracia Viva.

 

EL CASO DE CAMILA POLIZZI Y LA FUNDACIÓN EN TI

En la Región del Biobío surgió otra investigación de relevancia pública relacionada con recursos destinados a proyectos sociales y con la participación de la Fundación En Ti.

La causa vinculada a Camila Polizzi examinó el destino de fondos públicos transferidos en el marco de un proyecto financiado por el Gobierno Regional del Biobío, así como las operaciones y rendiciones asociadas a su ejecución.

El caso dio lugar a actuaciones penales que deben analizarse de acuerdo con los cargos específicos formulados contra cada involucrado y con el estado procesal correspondiente.

La comparación con ProCultura y Democracia Viva resulta pertinente porque permite examinar problemas semejantes en el control de recursos públicos. Sin embargo, no autoriza a concluir que se trate de una trama única ni que las personas involucradas hayan actuado bajo el mismo mecanismo delictivo.

La situación procesal actual de cada imputado de esta causa debe verificarse directamente en las resoluciones judiciales más recientes antes de publicar una actualización sobre sus cargos o eventuales condenas.

 

EL DESTINO DE LOS RECURSOS: ¿QUIÉN RECIBIÓ FINALMENTE EL DINERO?

Más allá de los convenios suscritos y de las rendiciones presentadas, una de las preguntas fundamentales en las investigaciones sobre transferencias públicas es qué ocurrió efectivamente con los recursos una vez que fueron entregados a las fundaciones.

¿Se destinaron íntegramente a los proyectos comprometidos? ¿Qué entidades, proveedores o personas recibieron los pagos? ¿Existieron transferencias posteriores cuya finalidad deba esclarecerse?

Responder estas preguntas requiere examinar las cuentas bancarias, los contratos, las facturas y los antecedentes financieros de cada operación. El objetivo es establecer si los movimientos de dinero corresponden a gastos legítimos de los proyectos o si existen operaciones que requieren una explicación adicional.

La eventual participación de intermediarios, así como la identidad de los beneficiarios finales de determinados pagos, también puede ser relevante cuando existen antecedentes concretos que justifiquen investigarla. Sin embargo, ninguna transferencia constituye por sí sola prueba de una conducta delictiva.

En definitiva, no basta con conocer cuánto dinero recibió una fundación. También es necesario esclarecer cómo se utilizó, quiénes recibieron los pagos y si su destino se ajustó a las obligaciones establecidas en cada convenio.

Es una cuestión central para determinar eventuales responsabilidades y, sobre todo, para que la ciudadanía pueda conocer qué ocurrió con los recursos públicos comprometidos.

 

EL PROBLEMA DE FONDO: CÓMO SE ASIGNAN Y CONTROLAN LOS RECURSOS PÚBLICOS

Más allá de las responsabilidades individuales, las investigaciones han puesto en discusión los mecanismos utilizados por organismos públicos para entregar recursos a fundaciones privadas.

Entre los aspectos que requieren especial atención se encuentran la experiencia y capacidad técnica de las entidades receptoras, la justificación de los convenios, los procedimientos de selección, los eventuales conflictos de interés, los controles sobre la ejecución y la comprobación de los resultados comprometidos.

También resulta fundamental determinar qué mecanismos se activaron cuando aparecieron observaciones sobre las rendiciones, qué montos fueron efectivamente ejecutados, cuáles deben ser restituidos y si existió un perjuicio patrimonial.

Estas preguntas corresponden tanto al ámbito administrativo como al judicial, aunque cada uno tiene objetivos y estándares diferentes. La fiscalización administrativa busca controlar la legalidad y el correcto uso de los recursos; la investigación penal debe acreditar la existencia de delitos y la participación de sus responsables.

 

UNA DISTINCIÓN NECESARIA PARA LA TRANSPARENCIA PÚBLICA

El Caso Convenios no puede reducirse a una lista de fundaciones cuestionadas ni a la identificación de personas vinculadas política o personalmente con ellas.

La cuestión decisiva es establecer qué ocurrió en cada convenio, qué obligaciones se incumplieron, cómo se utilizaron los recursos, qué perjuicio se produjo y qué participación tuvo cada persona.

El sobreseimiento definitivo de Claudio Orrego en la causa que lo involucraba debe distinguirse de las formalizaciones que afectan a otros imputados de ProCultura. Del mismo modo, las acusaciones en Democracia Viva y las investigaciones relacionadas con otras fundaciones deben examinarse según sus antecedentes y resoluciones específicas.

La transparencia exige investigar el destino del dinero público, pero también exige precisión al informar. Ni las relaciones personales prueban por sí solas un delito, ni una imputación equivale a una condena, ni una irregularidad administrativa permite presumir automáticamente responsabilidad penal.

La ciudadanía tiene derecho a conocer cómo se utilizaron los recursos del Estado y quiénes debían supervisarlos. La obligación del periodismo es contribuir a ese escrutinio con documentos, hechos verificables y una distinción rigurosa entre lo que se investiga, lo que sostiene la Fiscalía y lo que la justicia ha resuelto.


Fuentes de referencia: Fiscalía de Chile; resoluciones judiciales relativas a las causas mencionadas; y antecedentes publicados por medios nacionales, entre ellos Cooperativa, CNN Chile, BioBioChile, Emol y La Tercera.

JETSMART BAJO EMBARGO: MIGRACIONES EXIGE $781 MILLONES Y LA DISPUTA SIGUE EN TRIBUNALES

 

El embargo de cuentas por $781 millones abre una disputa que va mucho más allá de una aerolínea y 42 multas. Migraciones dice que actuó conforme a la ley.

JetSMART sostiene que las sanciones siguen siendo discutidas ante los tribunales.

Y en medio queda una pregunta incómoda: ¿cuándo una sanción administrativa deja de ser una acusación y se transforma definitivamente en una deuda?


Estado decidió pasar de la sanción al embargo, mientras la empresa sancionada sostiene que todavía existe una discusión judicial pendiente.

La pregunta no es menor, el miércoles 26 de agosto, el Servicio Nacional de Migraciones concretó el embargo de cuentas corrientes de JetSMART, luego de acumular 42 multas cursadas entre 2023 y 2025 por un total de $781.422.879, equivalentes a 10.820 UTM. Según Migraciones, las infracciones corresponden principalmente al traslado hacia Chile de extranjeros que no contaban con la documentación exigida para ingresar al país y, en otros casos, a la falta de entrega de nóminas de pasajeros.

Hasta ahí, podría parecer simplemente otro caso de una empresa que no pagó y terminó enfrentando las consecuencias.

Pero aparece el segundo capítulo.

JetSMART salió a responder y sostuvo que las multas están siendo controvertidas ante los tribunales. La compañía además rechazó que se trate de situaciones de “transporte ilegal de personas” y afirmó que parte de la controversia se relaciona con información requerida por la autoridad migratoria. También precisó que el embargo es una medida acotada a aproximadamente $780 millones y que no corresponde a un embargo general de sus cuentas ni afecta materialmente sus operaciones.

Y aquí comienza lo verdaderamente interesante.

Porque cuando una institución pública comunica que “la justicia nos ha dado la razón”, mientras la contraparte sostiene que existen procesos todavía pendientes, ya no estamos solamente frente a una disputa entre una aerolínea y Migraciones.

Estamos frente a una pregunta sobre cómo funciona el poder administrativo cuando se enfrenta al poder judicial.

Una pregunta que Chile debería hacerse con bastante menos comodidad.

¿CUÁNDO UNA MULTA ES DEFINITIVA?

Migraciones sostiene que los procedimientos sancionatorios concluyeron, que JetSMART tuvo la posibilidad de presentar sus descargos y que estos no lograron desvirtuar los hechos.

JetSMART, en cambio, afirma que las sanciones se encuentran judicializadas y que una de ellas incluso fue dejada sin efecto por la Corte de Apelaciones de Santiago, decisión que posteriormente fue recurrida por Migraciones ante la Corte Suprema.

No hace falta tomar partido para advertir la tensión.

Dos instituciones pueden estar hablando del mismo expediente y, sin embargo, contar dos historias completamente distintas sobre su estado jurídico.

Y ahí aparece el ciudadano.

Porque para una persona común, una multa es una multa. Un embargo es un embargo. Una resolución judicial es una resolución judicial.

Pero cuando el lenguaje institucional comienza a llenarse de procedimientos, excepciones, recursos, medidas cautelares y causas pendientes, ¿quién tiene realmente la capacidad de entender en qué momento una decisión administrativa se transforma en una obligación jurídicamente incuestionable?

EL CASO JETSMART NO TERMINA EN JETSMART

Hay otro dato que merece atención.

El director de Migraciones señaló que existen 25 aerolíneas con multas, que en conjunto alcanzarían 1.404 infracciones, y que el organismo se encuentra litigando esos casos.

Entonces JetSMART deja de ser solamente el nombre de una empresa que aparece hoy en las noticias.

Puede ser el primer caso visible de una política de fiscalización mucho más amplia.

Y eso cambia la dimensión del asunto.

Porque si el Estado está endureciendo su posición frente a las aerolíneas que incumplen la normativa migratoria, la pregunta siguiente es bastante sencilla:

¿Estamos viendo simplemente el cobro de multas pendientes o el comienzo de una nueva etapa en la forma en que el Estado está ejerciendo su poder fiscalizador?

La respuesta todavía no está completamente escrita.

Y quizá precisamente por eso vale la pena mirar el caso, no para defender a JetSMART, no para defender a Migraciones.

Sino para observar algo bastante más importante: qué ocurre cuando el poder administrativo decide cobrar, la empresa decide defenderse y los tribunales todavía tienen algo que decir.

Porque en una democracia, la fuerza del Estado no debería medirse solamente por su capacidad de embargar.

También debería medirse por su capacidad de demostrar, explicar y someter sus decisiones al escrutinio de la justicia.

Ahí, quizás, está la verdadera noticia.

PROYECTO QUE ENDURECE EXPULSIONES AVANZA EN EL SENADO Y PRESIONA LA REGULARIZACIÓN MIGRATORIA

visa ref 1

 

  • Tras la aprobación en general de la iniciativa que fortalece las facultades del Ejecutivo y la PDI, el nuevo marco eleva las exigencias para extranjeros en situación irregular y acelera la necesidad de regularizar su estatus.


 

El martes 8 de abril, el Senado chileno aprobó en general el proyecto de ley que perfecciona el procedimiento de expulsión administrativa, una iniciativa que busca agilizar y robustecer el control migratorio. El proyecto que vino a reforzar las atribuciones de la Subsecretaría del Interior y la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), le pondrá presión a los extranjeros que no han regularizado su situación.

 

“La moción no solo facilita el ingreso a los domicilios de personas con orden de expulsión, sino que también habilita la expulsión inmediata de quienes han sido formalizados o acusados de delitos. Esto no solo tiene implicancias institucionales, sino que además redefine el estándar de cumplimiento para quienes residen o buscan residir en Chile”, explica Christian Rodiek, CEO de FirmaVirtual, quien enfatiza la importancia de que los extranjeros se mantengan informados.

 

En este sentido, uno de los errores más comunes es utilizar el término “visa” como un concepto genérico, cuando en Chile existen distintas categorías, cada una con requisitos, plazos y efectos específicos. “Confundirse puede acarrear sanciones”, advierte el ejecutivo.

visa ref 2

 

Chile distingue entre permisos de permanencia transitoria —orientados a estadías breves, como turismo o negocios— y permisos de residencia, que habilitan a vivir, trabajar o estudiar en el país bajo ciertas condiciones. En este contexto, el proyecto de ley aprobado por el Senado endurece un escenario que ya venía evolucionando hacia una mayor fiscalización.

 

“Sin residencia vigente, una persona puede quedar fuera de aspectos tan cotidianos como firmar un contrato de arriendo, acceder a servicios financieros o incluso formalizar un vínculo laboral. La trazabilidad de esos procesos es cada vez más exigente”, acota Rodiek.

 

En este contexto, la información oportuna resulta clave, considerando que muchos extranjeros desconocen, por ejemplo, que la permanencia transitoria tiene una duración máxima de 90 días —aunque prorrogable—, o que la residencia temporal puede extenderse hasta por dos años.

 

Aunque el proyecto aún debe ser discutido en particular, su aprobación en general establece un marco más exigente, en línea con una mayor fiscalización y control de los procesos migratorios. A partir de esto, se refuerza la importancia de informarse, distinguir entre los distintos tipos de permisos y anticiparse a los trámites correspondientes.

¿QUÉ PASA CUANDO EL JUEZ QUE IMPARTE JUSTICIA ESTÁ SIENDO INVESTIGADO?

Septiembre se inicia con la justicia mirando al espejo.

Editorial Rancagua TV


 

El 2 de septiembre la Corte Suprema comenzará a revisar 56 cuadernos de remoción. No son condenas, no son destituciones ya dictadas, pero tampoco son un dato menor. Hay un sistema que se ve obligado a revisar a los suyos.

Y de inmediato surge la pregunta incómoda: ¿Quién controla al que controla la ley?

 

 

algunos de esos jueces ya recurrieron al tribunal constitucional

Algunos de esos jueces ya recurrieron al Tribunal Constitucional cuestionando las reglas del procedimiento. De pronto, ya no solo tienes a la Corte investigando, sino a investigados defendiendo sus garantías y al TC entrando en escena.

Y ahí la pregunta se agranda.

No es solo qué pasó con esas licencias, sino qué pasa con el sistema cuando sus propios guardianes entran en disputa sobre cómo debe ser juzgada la justicia.

cuando el problema deja de ser solamente judicial

Desde ahí, abrimos el plano. Ya no solo el Poder Judicial, sino el entramado completo: las instituciones, los organismos de control, la política y la influencia de marcos internacionales.

Porque cuando una institución encargada de administrar justicia debe revisar a sus propios integrantes, el problema deja de ser exclusivamente individual. También obliga a preguntarse por la salud del sistema que los contiene.

la pregunta que queda abierta

Y aquí no corresponde entregar una respuesta cerrada mientras las investigaciones siguen su curso. Pero sí corresponde mirar lo que está ocurriendo y preguntarse qué significa.

 

 

¿Estamos ante casos aislados, o ante una señal de algo más profundo que aún no queremos nombrar?

La respuesta no está escrita todavía. Pero los antecedentes están sobre la mesa y el debate ya comenzó.

LA CIUDADANÍA HABLÓ: UN MANDATO CLARO POR SEGURIDAD, CRECIMIENTO Y EMPLEO

 

ELECCIÓN PRESIDENCIAL:

Por: Susana Jiménez, Presidenta de la CPC


 

Chile volvió a dar muestra de la solidez de nuestra democracia, a través de una jornada electoral que se caracterizó por el orden, el respeto y la alta participación ciudadana. Confirmamos una vez más que los chilenos, a través de su voto,  están ejerciendo responsablemente su derecho a influir en la dirección del país que aspiran que seamos, concretando las reformas necesarias para lograrlo.

El contundente resultado muestra un respaldo potente de la ciudadanía a la agenda pro seguridad, pro crecimiento, pro empleo y pro inversión liderada por el candidato ganador.  Vemos con claridad que los chilenos y las chilenas hoy se sienten convocados a los cambios que apunten en esa dirección y que permitan dar un vuelco a los resultados de los últimos años. 

 

LA CIUDADANÍA HABLÓ UN MANDATO CLARO POR SEGURIDAD CRECIMIENTO Y EMPLEO

 

Esperamos que el mundo político se haga eco de la voz de mayoría, y el amplio consenso en torno  a las transformaciones que Chile requiere, permita alinear las voluntades en torno a esas necesidades y realizar los cambios a la brevedad.

En materia económica, el diagnóstico está claro  y las acciones no pueden esperar. Para volver a crecer y generar oportunidades para todos,  deben reducirse las trabas burocráticas que dificultan innecesariamente la inversión, hay que bajar la carga tributaria para ser más competitivos, y reducir los costos laborales para recuperar el empleo formal y de calidad.

Todo ello debe ir acompañado de la comprometida reducción de gastos superfluos en el Estado, además de las modificaciones al sistema político, para terminar con la  fragmentación y dispersión política que hacen extremadamente complejo avanzar en la aprobación de reformas. 

Como siempre, desde la CPC nos ponemos a disposición del nuevo gobierno, para colaborar en el diseño e implementación de las políticas públicas que permitan a Chile reimpulsar el crecimiento, el emprendimiento, la inversión y el empleo, en un ambiente de seguridad pública y certeza jurídica que se han visto deteriorados en los últimos años. 

EL NUEVO ORDEN DIGITAL: ¿QUIÉN GOBERNARÁ CUANDO EL PODER ESTÉ EN MANOS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL?

La inteligencia artificial comienza a ocupar espacios cada vez más relevantes en la sociedad. Mientras gobiernos e instituciones incorporan estas tecnologías, surge una pregunta que trasciende lo tecnológico: ¿qué ocurre cuando una infraestructura capaz de influir en decisiones públicas depende de sistemas desarrollados y administrados por actores privados?

Editorial | Por Exequiel Aleu Monasterio


 

Hay momentos en la historia en que una transformación tecnológica deja de ser solamente tecnológica y comienza a modificar la estructura misma de la sociedad.

Quizás estemos entrando en uno de ellos.

La inteligencia artificial suele presentarse como una herramienta destinada a facilitar nuestras vidas: responder preguntas, procesar información, automatizar tareas, descubrir patrones y asistir a las personas en la toma de decisiones.

Pero detrás de esa imagen aparentemente inocente existe una transformación mucho más profunda.

Por primera vez, la humanidad está construyendo sistemas capaces de intervenir simultáneamente sobre enormes cantidades de información, interpretar comportamientos, proyectar escenarios y participar en decisiones que hasta ahora pertenecían exclusivamente al ámbito humano.

Y entonces aparece una pregunta que resulta mucho más incómoda que aquella de si las máquinas llegarán algún día a gobernarnos:

 

¿QUIÉN GOBERNARÁ A TRAVÉS DE LAS MÁQUINAS?

Porque la inteligencia artificial no pertenece a una entidad abstracta llamada “humanidad”. Las tecnologías más avanzadas son desarrolladas, controladas y administradas por organizaciones concretas, con intereses concretos, estructuras económicas concretas y capacidades extraordinarias de acumulación de información y poder.

Ahí comienza el verdadero problema político.

Durante siglos, las sociedades construyeron instituciones destinadas a limitar la concentración del poder. Constituciones, parlamentos, tribunales, elecciones y sistemas de representación surgieron, entre otras razones, para impedir que una sola voluntad pudiera disponer del destino colectivo.

Pero ¿qué sucede cuando una parte creciente de la capacidad de analizar la realidad, administrar información y orientar decisiones comienza a concentrarse en sistemas tecnológicos que pertenecen a actores privados?

La pregunta deja de ser tecnológica.

 

Se convierte en una pregunta sobre soberanía.

Pero existe aquí una dimensión que merece una consideración especial.

Parte importante de esta infraestructura tecnológica podría no pertenecer a los Estados ni estar administrada directamente por instituciones públicas, sino por empresas privadas.

Esto, por sí mismo, no significa que exista algo ilegal ni que la participación de empresas privadas sea necesariamente negativa. Las sociedades modernas dependen desde hace décadas de compañías privadas para desarrollar tecnologías, prestar servicios y administrar infraestructuras fundamentales para la vida cotidiana.

El problema podría ser de otra naturaleza.

¿Qué ocurre cuando una infraestructura privada adquiere una importancia tan grande que termina siendo indispensable para el funcionamiento de instituciones públicas y para la vida de millones de ciudadanos?

Una empresa puede estar actuando perfectamente dentro de la ley y, al mismo tiempo, encontrarse en una posición que genere una discusión legítima sobre la concentración de poder.

Porque la propiedad privada no elimina necesariamente la necesidad de control público cuando aquello que se administra adquiere una importancia que trasciende los intereses de sus propietarios.

La cuestión, entonces, no consiste en afirmar que las empresas privadas no deberían participar en el desarrollo de la inteligencia artificial. Probablemente sería imposible comprender el actual desarrollo tecnológico sin su participación.

La pregunta es otra: ¿qué mecanismos deberían existir para garantizar que una infraestructura tecnológica de importancia pública permanezca sometida a la ley, a la transparencia, a la supervisión independiente y, en último término, a los derechos de los ciudadanos?

Porque quizás el escenario más relevante del futuro no sea un gobierno formado por máquinas, sino algo mucho más complejo: instituciones democráticas que dependan cada vez más de tecnologías cuyo desarrollo, propiedad y operación se encuentren fuera de ellas.

Y eso tampoco significa necesariamente que exista una amenaza. Significa que estamos frente a una transformación que obliga a revisar conceptos que durante mucho tiempo parecían separados: propiedad privada, infraestructura pública, soberanía, información y poder.

Tal vez la pregunta que debamos hacernos no sea quién será dueño de la inteligencia artificial, sino qué límites democráticos deberán existir cuando aquello que es privado adquiere una influencia que afecta inevitablemente a lo público.

Imaginemos un futuro en el que gobiernos utilicen sistemas de inteligencia artificial para administrar ciudades, asignar recursos, detectar riesgos, evaluar políticas públicas, anticipar movimientos económicos, identificar conductas consideradas anómalas o determinar qué información merece mayor visibilidad.

Todo ello podría justificarse bajo una palabra aparentemente incontestable: eficiencia.

Pero la eficiencia no es democracia.

Un sistema puede ser extraordinariamente eficiente y, al mismo tiempo, resultar incompatible con la libertad, la privacidad o la autonomía de una sociedad.

Y aquí aparece uno de los grandes dilemas de nuestro tiempo.

 

¿Qué ocurrirá cuando la capacidad tecnológica para organizar una sociedad avance más rápido que nuestra capacidad política para establecer límites?

 

La historia demuestra que el poder rara vez desaparece. El poder cambia de manos, cambia de instrumentos y cambia de lenguaje.

Ayer podía estar representado por la fuerza militar. Después por el control de los recursos industriales, de las comunicaciones o de las finanzas.

Mañana podría estar representado por el control de los sistemas capaces de interpretar la realidad digital de millones de personas.

No estamos hablando necesariamente de una conspiración ni de imaginar una película de ciencia ficción.

Estamos hablando de una posibilidad política que merece ser discutida antes de que determinadas estructuras tecnológicas se conviertan en una realidad irreversible.

Porque un eventual gobierno digital no necesitaría necesariamente abolir las instituciones democráticas para ejercer una enorme influencia sobre ellas.

Podría bastar con controlar los sistemas que procesan la información sobre la cual esas instituciones toman sus decisiones.

Y allí aparece una paradoja inquietante:

podríamos conservar las elecciones, los parlamentos y los gobiernos, mientras una parte cada vez mayor de las condiciones que determinan sus decisiones estuviera definida por sistemas que la ciudadanía no comprende, no controla y eventualmente ni siquiera puede auditar.

¿Seguiríamos hablando entonces de soberanía popular?

La cuestión moral es todavía más profunda.

Si una inteligencia artificial puede recomendar quién debería recibir determinado beneficio, qué zona necesita mayor vigilancia, qué información debe ser priorizada, qué riesgos económicos deben anticiparse o qué políticas parecen más convenientes, ¿quién responde cuando esa decisión perjudica a una persona?

¿El funcionario que utilizó el sistema?

¿La empresa que desarrolló el algoritmo?

¿El Estado que lo adquirió?

¿Los programadores?

¿O nadie?

Una sociedad democrática no puede delegar indefinidamente la responsabilidad en una máquina.

Porque una máquina puede calcular.

Pero no puede asumir responsabilidad política en nombre de los ciudadanos.

Por eso, quizás el gran acontecimiento histórico que estamos comenzando a vivir no sea el nacimiento de una inteligencia artificial capaz de pensar como un ser humano.

Podría ser algo mucho más silencioso:

el nacimiento de una nueva infraestructura de poder.

Una infraestructura capaz de atravesar simultáneamente la economía, la administración pública, las comunicaciones, la educación, la seguridad, la información y, finalmente, la política.

Y si esa infraestructura queda concentrada en pocas manos, el problema ya no será determinar si la inteligencia artificial es buena o mala.

El problema será determinar quién tiene el derecho de decidir qué debe hacer con ella.

Tal vez el futuro no nos enfrente a una guerra entre humanos y máquinas.

Tal vez el conflicto verdaderamente decisivo sea entre ciudadanos y concentración de poder.

Entre democracia y opacidad.

Entre soberanía pública y control privado.

Entre una tecnología sometida a la sociedad y una sociedad que termina adaptándose a las reglas de su tecnología.

Pero sería igualmente apresurado concluir que toda incorporación de inteligencia artificial al ámbito público representa una amenaza para la democracia.

La misma tecnología que puede aumentar la capacidad de vigilancia también podría utilizarse para detectar irregularidades, mejorar la transparencia, facilitar el acceso de los ciudadanos a la información pública, optimizar servicios esenciales y poner capacidades de análisis que antes estaban reservadas a grandes instituciones al alcance de millones de personas.

La discusión, por lo tanto, no debería reducirse a decidir si la inteligencia artificial es buena o mala. Tampoco debería consistir en rechazar el progreso tecnológico por temor a sus consecuencias.

La verdadera discusión podría ser otra: qué reglas estableceremos para que una tecnología cada vez más poderosa permanezca subordinada a los derechos de las personas y no al revés.

La misma pregunta alcanza a quienes desarrollan y administran estas tecnologías. No se trata de afirmar que la propiedad privada sea incompatible con el interés público. Se trata de preguntarnos qué ocurre cuando una herramienta privada adquiere una importancia pública de tal magnitud que su funcionamiento puede terminar condicionando decisiones que afectan a toda la sociedad.

Por eso este momento histórico merece ser observado con mucha mayor atención.

Mientras millones de personas utilizan diariamente herramientas de inteligencia artificial para escribir, crear, estudiar o trabajar, se está desarrollando silenciosamente una discusión mucho más trascendente: qué lugar ocuparán estas tecnologías dentro del orden político que conocerán las próximas generaciones.

Quizás todavía estemos a tiempo de formular las preguntas fundamentales.

¿Debe existir una inteligencia artificial bajo control democrático?

¿Puede una empresa privada administrar una infraestructura tecnológica indispensable para la sociedad sin quedar sometida a límites extraordinarios?

¿Quién debe establecer las reglas de un eventual gobierno digital?

¿Puede existir soberanía política cuando la infraestructura tecnológica fundamental depende de actores privados?

¿Y qué ocurriría si algún día la ciudadanía descubre que conserva el derecho a elegir gobernantes, pero ya no posee el verdadero control sobre los sistemas que permiten gobernar?

Son preguntas que todavía pueden parecer exageradas.

Pero muchas transformaciones históricas fueron difíciles de dimensionar mientras estaban ocurriendo. Por eso resulta razonable preguntarnos hoy qué estamos construyendo antes de que sus consecuencias sean difíciles de modificar.

Quizás por eso este no sea solamente el momento de aprender a utilizar la inteligencia artificial.

Es también el momento de decidir bajo qué reglas permitiremos que sea utilizada sobre nosotros.

Quizás la pregunta más importante no sea si debemos aceptar o rechazar la inteligencia artificial.

Quizás debamos preguntarnos qué límites estamos dispuestos a establecer antes de que la tecnología sea demasiado poderosa para que esos límites puedan ser decididos democráticamente.

La respuesta no pertenece a las máquinas.

Tampoco debería pertenecer exclusivamente a quienes las construyen.

Por ahora, la pregunta sigue abierta.

Y quizás corresponda a cada ciudadano decidir qué respuesta está dispuesto a aceptar.

 

SUBSECRETARIO DE GOBIERNO LANZA EN O’HIGGINS CAMPAÑA “AGUANTA, CHEQUEA Y COMPARTE”

 

En el IP Santo Tomás el subsecretario Erwin Díaz junto a autoridades regionales se reunió con estudiantes para dialogar sobre los desafíos de la manipulación informativa y la desinformación, lo que cobra aún mayor relevancia en tiempos de elecciones.

 


 

Rancagua, 22 de octubre de 2022.- Con el propósito de fortalecer la alfabetización mediática de la ciudadanía y frenar la propagación de la desinformación, de modo que las personas reflexionen antes de compartir contenidos, verifiquen la información de manera rigurosa y difundan mensajes responsables, el subsecretario de Gobierno, Erwin Díaz, lanzó en nuestra región la campaña “Aguanta, Chequea y Comparte”.

 

subsecretario erwin diaz

 

Esta iniciativa comunicacional constituye la primera vez que en Chile se instala una agenda pública desde el Estado para abordar los desafíos de la manipulación informativa y la desinformación, tema que ya ha sido considerado como un problema de crucial para la sociedad actual por diversas instituciones globales, como el Foro Económico Mundial (2013), la Unión Europea (2018), la UNESCO (2020), la OMS (2022) y la APEC (2022)


Contempla el trabajo realizado en 2023 por la Comisión Asesora contra la Desinformación de los ministerios Secretaría General de Gobierno y el de Ciencias, e involucra el fortalecimiento de la Alfabetización Digital mediante programas, convenios y campañas.


Esta campaña, que incluye el spot promocional con la cumbia “Aguanta, Chequea y Comparte”, aconseja 3 simples pasos a la ciudadanía cuando reciba una información:


1. “Aguantar” antes de reaccionar a una publicación
2. “Chequear” la veracidad y la fuente de la que proviene
3. Y sólo entonces “compartir” la información si es verdadera.

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