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DE EMPRENDEDORA A PELUQUERA: LA HISTORIA DE MARGARITA FUENTES Y UN NEGOCIO CONSTRUIDO A PURO TRABAJO

 

Hay historias que no comienzan con grandes oportunidades, sino con trabajo, esfuerzo y la decisión de no quedarse esperando. La de Juana Margarita Fuentes Godoy comenzó hace décadas, entre temporadas de packing, pequeños negocios y muchas ganas de salir adelante. Vendió, aprendió, cosió, emprendió y, paso a paso, consiguió construir su propia casa y una vida levantada con sus manos.

Hoy, en el local 21 del Rodoviario de Rancagua, esa historia continúa frente a un espejo. Hace 27 años comenzó en la peluquería y lleva cerca de una década en este lugar, donde ha visto crecer a generaciones de clientes. Una tijera, una navaja y una conversación son hoy parte de un camino mucho más grande: el de una mujer que convirtió el trabajo en una forma de vida.

Por Exequiel Aleu Monasterio / Rancagua TV


 

Juana Margarita Fuentes Godoy lleva alrededor de diez años instalada en este lugar. Pero su relación con la peluquería viene de mucho más atrás: hace 27 años comenzó a estudiar el oficio, cuando estaba embarazada de su hija.

Y aunque hoy recibe clientes de todas las edades, desde niños pequeños hasta personas mayores, Margarita recuerda que sus primeros pasos estuvieron lejos de una peluquería.

Durante más de dos décadas trabajó en la fruta. Las temporadas de packing eran intensas y, como ocurre con tantos trabajos temporales, terminaban después de algunos meses. Pero Margarita no se quedaba esperando la siguiente oportunidad.

Inventaba una.

“Cuando yo quedaba sin trabajo, ya tenía…” cuenta al recordar una época en que comenzó a vender productos entre sus compañeras.

Una temporada llevaba dulces. Otra, queques y helados. Después decidió probar con ropa. Viajó a Independencia, en Santiago, compró telas y materiales y comenzó a confeccionar gorros, cuellos y prendas para niños.

Lo llamativo es que nunca había hecho un curso de costura.

Aprendió haciendo.

 

 

“Yo nunca hice un curso de costura”, recuerda. Pero sacaba moldes, cortaba, cosía y fabricaba sus propios productos. Después llegaban las compañeras del packing y preguntaban: “¿Me vende un gorrito? ¿Me vende esto?”.

Y Margarita vendía.

“Todo lo que buscaba para vender, lo vendía”, recuerda.

Su historia no quedó solamente en pequeños negocios de temporada. En una de esas etapas de su vida, cuando su hija era todavía pequeña, decidió que el dinero que ingresaba al hogar no podía simplemente gastarse.

Había que multiplicarlo.

Con un carrito y junto a su hijo llegó incluso hasta las inmediaciones de un packing en Olivar para ofrecer sus productos a las trabajadoras cuando terminaban su jornada.

El esfuerzo tuvo un resultado concreto: consiguió su terreno y su casa.

Ese es uno de los capítulos que Margarita considera parte fundamental de su historia.

Con el tiempo apareció una nueva oportunidad. Sus familiares terminaron arrendándole un minimarket en Rosario, negocio que comenzaron a trabajar hace aproximadamente siete años y que atravesó, además, uno de los períodos más complejos para cualquier emprendimiento: la pandemia.

“Nos ha ido bien, gracias a Dios”, cuenta Margarita, reconociendo también que un negocio tiene altos y bajos.

Hoy la actividad familiar se reparte entre distintos espacios. Su hija trabaja también en el rubro de la peluquería y ambas se coordinan para mantener funcionando las distintas actividades.

Mientras una atiende un lugar, la otra puede hacerse cargo del otro.

Una familia, varios trabajos y una misma lógica: moverse.

 

 

 

UNA PELUQUERÍA QUE FUE CAMBIANDO CON LOS TIEMPOS

En el local 21 del Rodoviario, Margarita ha visto cambiar las costumbres de sus clientes.

La barbería ganó terreno. Los hombres comenzaron a preocuparse mucho más por su imagen. Aparecieron los degradados, los diseños, las barbas cuidadosamente arregladas y nuevas tendencias que también llegaron desde otros países.

Margarita fue aprendiendo.

Recuerda particularmente a un joven colombiano a quien ella enseñó a utilizar la tijera. Él, a cambio, le enseñó a trabajar con la navaja.

Así fue incorporando nuevas técnicas a su oficio.

Hoy realiza degradados y diseños, y atiende a un público amplio. No quiere quedarse con un solo segmento.

Niños, jóvenes, adultos y personas mayores.

Para ella, todos tienen algo en común: son personas que llegan buscando una atención cercana y personalizada.

Y algunos llevan prácticamente toda una vida entrando por su puerta.

Margarita cuenta que ha atendido a niños cuando eran pequeños y que años después los ha visto regresar ya convertidos en jóvenes. Incluso hay clientes que pasan simplemente a saludar, aunque ese día no vayan a cortarse el pelo.

Es ahí donde aparece una de las características que, según ella misma reconoce, forma parte de su trabajo: conversar.

“Somos buenas para hablar”, dice entre risas.

Porque una peluquería puede ser una silla, un espejo y una tijera.

Pero también puede convertirse en un lugar donde se conocen historias, se conversa de la vida y se construyen relaciones que duran años.

 

 

EL TRABAJO COMO FORMA DE VIDA

Para Margarita, trabajar en la peluquería no significa solamente tener un horario.

Es una forma de vida.

Por eso no resulta extraño que atienda incluso los domingos cuando es necesario. Lo importante, explica, es hacer lo que a uno le gusta.

Y esa convicción parece atravesar toda su historia.

Desde los años en el packing hasta la peluquería. Desde vender helados y queques hasta fabricar ropa sin haber estudiado costura. Desde


DATOS IMPORTANTES:

📍 Dirección: Local 21, Rodoviario de Rancagua

✂️ Nombre: Peluquería y Barbería Unisex Juany

📞 Teléfono: +56 9 7470 6898

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